Catamarca: Termas de Fiambalá y bodegas

Catamarca: Los Seismiles, las termas de Fiambalá y las bodegas

De la alta montaña a los oasis verdes

Entre las altas y coloridas montañas cordilleranas y los valles del oriente, fértiles en viñedos y cultivos, el cinturón central de la provincia de Catamarca encierra los más variados paisajes de la zona andina, en los cuales también sobresalen el rico acervo cultural y la hospitalidad de su gente.

Comenzando el viaje por las altas cumbres, nada mejor que el valle de Chaschuil para quienes gustan de las actividades de montaña. 

Allí, la Ruta 60 lleva hasta los Seismiles, como llaman al grupo de 14 picos de más de 6 mil metros de altura sobre el nivel del mar, que conforma la segunda zona más alta del planeta, después del Himalaya. Entre ellos se destaca el Pissis, el mayor volcán inactivo del mundo, con 6.882 metros.

Praderas

No todo es altura por este camino del departamento Tinogasta, ya que la ruta lleva también por praderas tapizadas de amarillos coirones, entre los que viven vicuñas y ñandúes, además de los flamencos rosados que pueblan durante los meses de verano las lagunas de altura. A su vez, a lo lejos lucen las famosas laderas de 14 colores, con preminencia de rojos, amarillos y verdes.

Donde la ruta gira al oeste para cruzar hacia Chile por el Paso San Francisco (4.726 msnm), el montañismo y el turismo arqueológico se combinan en el cerro Incahuasi, en cuya cima (6.623 msnm) están las segundas edificaciones precolombinas más altas descubiertas, después de las del volcán Llullaillaco (en Salta, a 6.739 metros). 

Allí hay excursiones de escalada y los aventureros deben destinar unos días para aclimatación en el refugio de altura Las Grutas, a unos 4.000 metros, que ofrece hermosas vistas panorámicas de la Cordillera.

Hacia el sur, en la zona de Cortaderas y sobre la misma ruta, el escenario de aventura puede interrumpirse aprovechando el paréntesis de confort que ofrece, a 3.000 metros de altura, la hostería de la región, el único hotel cinco estrellas del país a esa altitud.

Termas de Fiambalá

La perla de Tinogasta como centro para la diversificación turística es Fiambalá, la segunda ciudad del departamento, que en su casco urbano o en derredor tiene variadas opciones para el entretenimiento o el rélax tras el turismo de montaña. 

A sólo 12 kilómetros al este se encuentra un complejo de termas, con 17 piletones naturales de roca cordillerana, que se llenan con agua de propiedades relajantes y curativas que surge en la altura a 75 grados y se va enfriando al descender, hasta alcanzar una temperatura tolerable para el baño, ya sea de inmersión o por chorros en caída. En el lugar hay un restorán que prepara exquisitos asados para disfrutar junto a las piletas, rodeado de un apacible paisaje de montañas con tonos rosados y grises.

Al norte de la ciudad, a unos 25 kilómetros están las dunas de Tatón, una gran extensión de montañas de arena consideradas entre las más grandes del mundo, que son un lugar ideal para quienes quieren divertirse practicando sandboard o en el manejo de cuatriciclos y vehículos 4×4.

En pueblos cercanos a Fiambalá se pueden hallar diversas manifestaciones de fe cristiana, como en los pueblos de Medanitos y Antinaco, donde hay dos grandes esculturas del Cristo Redentor, construidas a mano y sin moldes, que son piezas únicas e integran el circuito turístico histórico-religioso del norte del departamento. El primero mide más de 19 metros de alto y está erigido en la loma de un cerro con hermosas vistas panorámicas del valle, las dunas y los viñedos. El de Antinaco tiene menor tamaño pero las mismas características.

Valles verdes

En la franja central catamarqueña, donde predominan montañas, desiertos y quebradas, los valles húmedos conforman verdaderos oasis en los que el verde se toma revancha y todo brota y crece profusamente, como en Fiambalá y Belén. Sendos ríos del mismo nombre que estas ciudades están bordeados de viñedos y plantaciones de nogales y anisares, entre otros cultivos.

Muchas de sus bodegas y viñedos están abiertos al público, que puede degustar sus vinos artesanales y de exportación, además de presenciar todo el proceso para su elaboración. El verano es además una época ideal para observar los preparativos para la Fiesta de la Vendimia Catamarqueña, que se realiza en febrero. Tinogasta y Fiambalá son dos destinos ideales para disfrutar de un tour a través de una decena de bodegas artesanales o industriales.

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