MELIQUINA

Destinos escondidos: un refugio soñado en el bosque neuquino

Meliquina formaba parte de una gran estancia que pertenecía a un alemán; hay un único hotel y paisajes imponentes

En Neuquén, a pocos kilómetros de la ruta de los 7 Lagos, frente a un hermoso espejo lacustre y rodeado de bosques de coihues y lengas, un pueblo en crecimiento traza su destino.

  

El río modela el paisaje de la región neuquina. Foto: Xavier Martin

 Villa Meliquina es un pueblo, o quiere serlo, en la desembocadura del lago homónimo, a 15 kilómetros de la ruta de los 7 Lagos y a 40 de San Martín de Los Andes. Para ser más precisos, está sobre la ruta provincial 63 que, luego de 48 kilómetros, llega a Confluencia por el Paso Córdoba. Todos los accesos son de ripio, eso la resguarda. La aleja a pesar de no estar lejos.

Meliquina no tiene gas natural, luz eléctrica, agua potable, recolección de residuos, cloacas ni policía. Tampoco tiene supermercado, estación de servicio ni tiendas. Hoy cada habitante lleva su bolsita de basura a San Martín de los Andes, la ciudad más cercana. De ella dependen para todos los servicios y gestiones: hacer las compras, cargar nafta, pagar impuestos, etcétera.

Sí tiene escuela y médico el primer jueves de cada mes. Viene del Hospital Regional Ramón Carrillo, de San Martín de los Andes.

Meliquina también tiene un lago con siete kilómetros de costa, un bosque andino patagónico de coihues, radales y lengas, y varias miles de hectáreas de pinos plantados hace 40 años. Y el río Meliquina y el vecino lago Filo Hua Hum. Y aire puro. Y muy poca gente.

En el pueblo hay 450 casas. Fuera de temporada viven unas cien personas y durante el verano llegan los dueños de las cabañas que permanecen vacías el resto del año.

El pueblo crece con gente que llega de otras partes, en general de grandes ciudades. Algunos huyeron de la inseguridad y el caos urbano, otros llegaron con ánimo de pensar y desarrollar un modelo de pueblo sustentable.

La zona era parte de una gran estancia que pertenecía a un alemán de apellido Vogel. En 1972, la familia Steverlynck le compró 20 mil hectáreas. Pocos años después vendió parte de esas tierras a otros alemanes, hoy dueños de las estancias que rodean Villa Meliquina: San Jorge, San Ruperto y Santa Lucía. Además destinó dos mil hectáreas a un loteo en dos etapas. El resultado fue Meliquina I, donde ya está prácticamente todo vendido, y Meliquina II, donde todavía quedan terrenos. Así nació el pueblo.

El verano es la temporada alta para los meliquinenses. En noviembre se acomoda lo que rompió el invierno y desde diciembre comienzan a llegar visitantes. Hay Wi -Fi en algunas cabañas y teléfono de línea. Por ahora la villa no tiene señal de celular.

 

Sólo hay dos almacenes en Meliquina y no existen los supermercados. Foto: Xavier Martin

 La infraestructura turística del pueblo aumenta de a poco. Hace algunas temporadas se inauguró frente al lago el Hotel Amancio, el único del pueblo, de capitales salteños. Por lo demás, hay un puñado de cabañas para turistas, un hostel administrado por una pareja de uruguayos y cuatro campings agrestes. Hay dos almacenes. Y están don Muñoz, que alquila caballos, y Penélope, que vende tejidos durante el verano.

Dar las indicaciones para llegar no es sencillo: las calles no tienen nombre, a todos lados se llega por referencia.

DATOS ÚTILES

  • CÓMO LLEGAR

Desde San Martín de los Andes por la Ruta 7 Lagos (ahora RN 40) hacia el sur, bajar 26 km; ahí se toma la RP 63 y luego de 14 km se ingresa a Villa Meliquina.

Carolina Reymúndez  | Para LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/1654565-destinos-escondidos-un-refugio-sonado-en-el-bosque-neuquino

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